miércoles, 18 de junio de 2008

Tercera puerta a la derecha

El taxi se detiene bruscamente, Carlos baja rápidamente del mismo, entrega el dinero por la ventanilla y marcha sin siquiera esperar su cambio.
La noche caía ya sobre la ciudad y él necesitaba refugiarse en su cuarto. Sube velozmente los dieciocho escalones que lo conducen a la entrada del hotel Ambassador.

El ascensor tardaba demasiado, la escalera le pareció mejor, subió los tres pisos como si de eso dependiese su vida, llegó a su habitación, tercera puerta a la derecha.

Al entrar respiro hondo, apoyo su espalda en la pared opuesta a la puerta y se dejo caer al piso, su corazón quería escapársele del pecho.

Decide tranquilizarse y tomar algo para aflojar la tensión. Va hacia el comedor y se sirve un whisky. Luego, apoyado contra la pared que da a la ventana observa la noche, entre penumbras observa y recuerda.

… … … …

El taxi se detiene bruscamente, Carlos corre sin mirar atrás, debe llegar a su habitación y meditar los hechos.

Primero las escaleras, luego el pasillo, tercera puerta a la derecha, empuja la puerta y entra.

Ya en su habitación se refugia en las sombras, debía analizar cada imagen.
Cada pensamiento que invadía su cabeza daba vueltas a la misma velocidad que latía su corazón.

Mientras caminaba a oscuras frente a la ventana y observaba la calle por entre las venecianas entreabiertas, recordaba las palabras que había escuchado salir de la boca de su mujer, de su amada esposa.

No había terminado de recuperarse de la noticia de la traición de su amada cuando descubre lo que ella planeaba junto a su amante. Planeaban matarlo.

… … … …

El taxi se detiene bruscamente, Carlos llega hasta la puerta del hotel casi sin darse cuenta, en la calle una patrulla que andaba de rutina le había asustado y quería llegar a la seguridad de su casa.

Por el pasillo la tercera puerta del lado derecho, la puerta estaba entreabierta, al parecer había salido tan rápido que olvido cerrarla, que imprudencia.
Una vez en la habitación intenta tranquilizarse, no enciende ninguna luz para no atraer la atención, se toma un whisky al lado de la ventana y recuerda los hechos.

La traidora y su cómplice no se detendrían hasta alcanzar su objetivo, por eso él debía ser más inteligente, debía adelantárseles.

El plan de los amantes era simple, ella invitaría a su esposo a cenar el martes, mientras el amante se escondería en el departamento para sorprender al esposo y matarlo a sangre fría cuando volviese.

Pero el amante era impaciente, hoy lunes había decidido adelantar su misión, había forzado la puerta pero olvidó volverla a trancar, por suerte el marido estaba tan nervioso que no se dio cuenta.
Entre las sombras observaba a Carlos que frente a la ventana caminaba intranquilo.
Este era el momento, sin pensarlo más saco su cuchillo y lo atacó por la espalda.
Dos puñaladas fueron suficientes, el vaso de whisky cayó al suelo y segundos después lo siguió Carlos.
El trabajo estaba hecho, ahora debía limpiar toda prueba de su presencia en el lugar.

… … … …

El taxi se detiene bruscamente. Desde la ventana el amante ve como Carlos entra corriendo al hotel.

Con el apuro que llevaba seguramente en unos segundos estaría en su habitación, y así fue, los pasos ya se escuchaban en el corredor. La tercera puerta de la derecha estaba entreabierta, el amante se maldecía en silencio por su descuido, pero Carlos ni lo notó.

Decidió esconderse tras unas cortinas del living, pero ahora no le parecía un buen escondite, si enciende las luces seguramente lo verá. Pero Carlos prefiere estar a oscuras escondiéndose de sus propios pecados, menos mal.

El amante decide que el momento ha llegado y ataca a Carlos por la espalda, es una lucha limpia, casi no ofrece resistencia, Carlos cae muerto en pocos segundos.

El amante se siente sucio, debe limpiar sus huellas y su conciencia, las manos ensangrentadas son lo primero, al entrar al baño a lavarse cae de rodillas, sus ojos no lo pueden creer.

… … … …

El taxi se detiene bruscamente. Carlos corre escapando de la vista pública y en pocos segundos se sumerge en su habitación.

Ella lo había engañado y además había planeado junto con su amante la muerte de Carlos. Cualquiera en su lugar hubiese hecho lo mismo que él.

Sin embargo las ideas no eran claras, a pesar de todo se sentía culpable, como pudo hacerlo, como pudo matar a su propia esposa. Tres puñaladas en la ducha mientras ella se bañaba, seguramente para ir a ver a su amante.

Y allí la dejo, en la ducha ensangrentada, allí quedó tirada cuando Carlos escapó hace unas horas de su apartamento en el hotel Ambassador, allí donde la encontró su amante luego de matarlo a él.

… … … …

La policía fue avisada, un hombre en el hotel Ambassador, tercer piso, tercera puerta a la derecha.
El asesino fue encontrado arrodillado en el baño con un cuchillo en la mano, las manos ensangrentadas y dos cuerpos en el apartamento.

Las explicaciones que dio no fueron convincentes, marcho a la cárcel por los dos crímenes, nadie volvió a saber de él.

El enviado

La sala permanecía en silencio, el público espera ansioso que se abra el telón. Faltaban veinte minutos para las diez de la noche, el espectáculo ya debía de haber empezado.
Nadie sabía bien que pasaba pero no querían abrir la boca, seguro que en cualquier momento algo iba a pasar.
De pronto se ve movimiento detrás del telón, un solitario foco ilumina a quien aparece de entre las cortinas.

- No debe ser un actor – comentaban en la primera fila.

Todos observaban la figura que tenían delante de sus ojos, era alto y delgado, vestido con ropas viejas y llevaba un gorro de lana el cual se quitó en el mismo momento en que apareció en escena y que ahora intentaba esconder como con vergüenza.
Estuvo parado así casi un minuto sin pronunciar palabra, solo observaba nervioso como intentando encontrar que decir.

Entre el público comenzaban a comentar de forma irónica las posibles razones por las que este sujeto estaba allí parado mirándolos, pero todos coincidían en que no era parte del espectáculo.

- Disculpen todos ustedes por mi atrevimiento – comento al fin el hombre – es que estoy perdido.

Varias personas encontraron esto muy gracioso y no dudaron en reír, a lo que el hombre bajo la cabeza e intento disimular su vergüenza.

- Si me permiten les contare mi historia y tal vez alguno pueda ayudarme.

Las risas de algunos se convirtieron en protestas, la obra no empezaba y todavía tenían que lidiar con este personaje.

- Es que soy nuevo en mi trabajo, y mi jefe es el más exigente, hoy debía venir aquí a buscar a una persona, pero he perdido su nombre y la memoria me ha fallado.
- Cuéntanos algo que recuerdes – le pide alguien de la tercera fila, apiadándose de su pena.

Poco a poco intentaba escarbar en la memoria intentando encontrar el nombre o algún rasgo que lo pudiese ayudar. Así recordó que quien buscaba era bajo y delgado, que usaba bigote y le gustaba vestir bien, todos datos que le habían indicado antes de partir a su misión.

- Se que es alguien importante – comenta luego – alguien respetado y conocido por todos.

A esta altura ya todo el público intentaba ayudar al hombre, los murmullos llenos de conjeturas se hacían oír por toda la sala.

- Tal vez sea yo.

Un foco se enciende y se dirige a uno de los palcos, las miradas de todos se desvían hacia la luz, allí donde un hombre de pie continuaba su frase.

- Mi nombre es Cesar Amorín, y soy el gobernador de esta ciudad.

El rostro del hombre sobre el escenario se iluminó, si era él, lo había encontrado. Algunas personas del público se atrevieron a aplaudir, tal cual como si de parte de una obra teatral se tratara.

- Rápido señor – vuelve a la realidad el hombre – son casi las diez y nos están esperando, debemos marchar ya.


El gobernador no preguntó a donde se debía dirigir ni tampoco quien solicitaba su presencia con tanta urgencia, solo sabía que debía acompañarlo, algo le decía que debía hacerlo.

Saluda a su mujer que lo acompañaba en el palco y baja casi corriendo hacia el escenario, allí se encuentra con el hombre que lo esperaba impaciente. Ambos se pierden detrás de la cortina y las luces se apagan, el murmullo del público solo se detiene cuando el telón comienza a abrirse y los focos iluminan el escenario, la obra estaba comenzando.
Los actores aparecían en escena, pero nadie daba explicaciones de lo sucedido con el extraño hombre, parecía como si nada hubiese pasado.

La acción comenzaba en el escenario y el público ya dejaba de pensar en el extraño suceso cuando un grito de horror les corta el aliento.

Las luces buscan en el teatro y llegan hasta el palco donde la mujer del gobernador permanecía parada junto a la baranda, su cara reflejaba el terror de ver a su marido, el mismo que hace segundos había desaparecido tras el telón, sentado en el mismo asiento donde no debería estar.
Su cara pálida y su cuerpo inmóvil no dejan dudas.

Un escalofrío recorre el teatro, todos entendieron quien era el extraño hombre.

jueves, 10 de abril de 2008

El precio de la libertad

En un barrio olvidado de Bagdad, en pleno Iraq de post-guerra vivía un niño de 11 años llamado Kadin.

Era solo un niño, pero vivía una vida de adultos la mayor parte del tiempo.
Su padre había muerto durante la guerra, con lo cual Kadin a su joven edad se había tenido que hacer cargo de la casa, trabajaba vendiendo frutas en un puesto que había heredado de su padre en el mercado del pueblo.
Kadin debía mantener a sus dos hermanos menores y ayudar a su madre en las tareas de la casa.

Tanta actividad no dejaba lugar a que el niño se preguntara demasiado sobre las razones o las circunstancias en las que su padre había muerto, y la madre hacía cuanto podía para evitar el tema.

El sabía que había sido muerto a manos de el ejercito americano, pero las pocas explicaciones que en su momento le habían dado a la madre y que Kadin escucho hablaban de que fue una ejecución a sangre fría, soldados americanos que buscando supuestos terroristas dentro del mercado, dispararon a quemarropa a un grupo de hombres "sospechosos" entre los cuales estaba su padre.

El creía en su padre, que le había enseñado lecciones de vida y comportamiento que Kadin se esforzaba por seguir al pie de la letra, como temiendo que desde algún lugar su padre todavía lo observara, y creía en la inocencia de su padre, y por ende odiaba al ejercito invasor, que había llegado a tomar la vida de su padre, en pos de "la libertad".

Un día en una fiesta familiar, Kadin escucho de boca de uno de sus tíos las palabras que durante mucho tiempo no conseguiría olvidar, su tío se lamentaba por la muerte del padre de Kadin, comentando que fue un desperdicio... "ya estaba todo preparado" decía el hombre, "tu esposo iba a morir como un héroe" le contaba a la madre de Kadin.

El niño siguió escuchando y tratando de descifrar lo que su tío explicaba a un grupo pequeño aislado del resto de la reunión, un grupo al que Kadin no estaba invitado, después de todo era solo un niño.

Luego de mucho esfuerzo, Kadin entendió lo que su tío estaba explicando, su padre era el elegido para un ataque suicida en el centro de la ciudad con el cual intentarían dar un golpe más a las fuerzas invasoras.

El niño no podía entender cuales serían las razones que llevarían a su padre a realizar semejante acto, Como su padre, amoroso y responsable hasta hace unos momentos en la memoria de Kadin podía tomar una decisión tan egoísta y dejar a su esposa e hijos solos. Como su padre, que tantas lecciones le había enseñado lo podía traicionar de tal forma.

Tampoco entendía como su tío y al parecer el resto del pequeño grupo al que le contaba este hecho podía pensar que su padre se iba a convertir en un héroe, si justamente eso era lo que siempre había sido para Kadin, y ahora estaba dejando de serlo.

Al día siguiente el niño le pregunto a la madre si todo lo que había escuchado era cierto, si su padre realmente era capaz de tal traición, a lo que su madre respondió que no, que su padre nunca estuvo de acuerdo con estas cosas, y que el tío solo hablaba así porque el alcohol le nublaba el pensamiento. Sin embargo el niño no quedó muy convencido, temía que la madre le estuviese mintiendo para que no se sintiera defraudado de su padre.

Pasaron los días, y Kadin seguía con la duda, tenía mil preguntas en la cabeza, “terrorismo”, “patriotismo”, “en pos de la libertad”, “sacrificio justificado”, eran palabras que le daban vueltas, y como en un rompecabezas las trataba de encajar, nunca había entendido al ejercito invasor, que siempre supo que no los venían a ayudar, pero ahora tampoco entendía a los suyos, a su pueblo que le había quitado una parte de su vida.

Una tarde mientras se preparaba para volver a su casa desde el mercado, escucho un murmullo que venia desde una punta del mercado, ese murmullo en cuestión de segundos se convirtió en estruendo, el estruendo de las tropas americanas que invadían el mercado, disparando a un grupo de hombres que huían de ellos mientras disparaban sus armas. Cuando Kadin logro reaccionar y tirarse al suelo ya era tarde, una bala le había atravesado el estomago y otra el pecho. No sabía si habían sido balas americanas o iraquíes, solo sabia que le dolían.

Desde el suelo miraba esperando ayuda, pero todos estaban ocupados en salvarse a si mismos.
Solo podía pensar si su padre estaría orgulloso, se había olvidado de todos los reproches que tenía para él.

En los últimos suspiros que dio en este mundo, Kadin al fin comprendió que “terrorismo”, “patriotismo”, “en pos de la libertad” y “sacrificio justificado” eran todos sinónimos, sinónimos de la estupidez humana.


Dedicado a Maria Noel, que me chantajea de que si no se lo dedico no deja comentarios.

domingo, 3 de febrero de 2008

Rebelde

Las noticias de la invasión ocupaban casi todo el tiempo al aire de las pocas emisoras de radio que aún transmitían. La información básicamente era sobre las rutas que seguía el ejército invasor, el cual avanzaba a pasos agigantados por el territorio casi sin obtener resistencia.
Su ejército era más numeroso, mejor armado y con preparación de elite. Las fuerzas de la defensa caían como moscas.

- ¡¡¡Son los tanques mamá, se escuchan los tanques!!! – entra el niño corriendo a la casa.

La madre lo empuja hacia el sótano, donde ya tenían armado su refugio para cuando llegara este momento. El niño se sienta en el piso abrazándose las piernas mientras la madre lo abraza y ambos permanecen inmóviles, esperando que todo pase.
Las explosiones hacían vibrar las viejas estructuras de la casa, el niño también temblaba como acompañando el ritmo de las explosiones, mientras la madre intentaba calmarlo repitiendo constantemente “todo va a estar bien”.

Pero el niño sabía que ella solo lo decía para tranquilizarlo, por dentro lo recorría el miedo de perder a su madre. Por un momento recordó lo que sintió hace no más de una semana cuando su padre salió de casa para unirse a las fuerzas de la defensa, desde hace ya tres días que no tienen noticias de él.

La idea de morir lo aterraba, pero era mayor el miedo de perder a sus padres solo por no tener la edad y la valentía suficiente para defenderlos.

- A donde vas, regresa aquí – grita aterrada la madre cuando el niño se libera de su abrazo y sale corriendo a la calle.

Corriendo tan rápido como pudo llegó hasta la avanzada de los tanques enemigos. Allí empuñando un palo que había recogido en el camino se dispuso a hacerles frente.

El tanque que venía encabezando la fila se detiene repentinamente frente al niño.

- Muévete rápido niño, esto es una guerra de adultos, no tienes nada que hacer aquí – le grita el soldado que aparece desde dentro del tanque.

El niño no parece desistir, con la mirada fija en los ojos del soldado le responde.

- Tú no puedes matarme, ni a mi ni a mi madre – grita tercamente el niño mientras aprieta fuertemente su improvisada arma de madera.
- Tú no puedes matarme porque yo no quiero morir – vuelve a gritarle al soldado.

¿Qué debía hacer el soldado?
Sus años de entrenamiento militar lo habían preparado para muchas cosas, menos para un niño con un palo.
Se decide a llamar a su comandante, que fuese él quien tome la decisión.

Al llegar el comandante en su transporte se encuentra con una escena que no soñó ver nunca en su vida. Un convoy de tanques detenido por un niño de no más de nueve años con un palo.
Tras pedir explicaciones hizo lo que debía hacer, tomó una desición y se dispuso a ejecutarla. Se dirigió hacia en niño y sacó su arma, le quito el seguro y apuntó a la cabeza.

- Si no te mueves me veré obligado a dispararte – intentó persuadir al niño por la fuerza.

Pero el niño no se movió, con la mirada fija en los ojos del comandante seguía empuñando con firmeza su palo.
El comandante también permaneció inmóvil varios minutos, apuntando al niño con su arma, con la esperanza de que este desistiera y no tener que disparar.

Al fin el comandante bajó su arma, rendido ante la terquedad del niño decidió intentar convencerlo con razones.

- ¿Por qué arriesgas tu vida de esta forma, acaso estás loco? – pregunta el comandante.
- Loco es usted al venir hasta aquí e intentar quitarme todo lo que yo quiero – responde el niño manteniendo la firmeza de su actitud.
- ¿Qué es lo que quieres? – continua el comandante.

El niño intenta explicarle la razón por la que estaba allí parado frente a todos estos tanques. Le habla de su madre que está en casa preocupada por él, de su padre que arriesgaba también su vida por defenderlos y le habló del miedo que tenía de perderlos y quedarse solo.

El comandante comenzaba a sentirse incomodo de su posición, él solo obedecía órdenes, órdenes que no debían ser desafiadas. Pero estas órdenes habían sido tomadas por algún general de esos que nunca entran en batalla.

Luego de unos minutos pensando que debía hacer se reunió con sus subordinados y decidió retirarse.

- Creo que hoy te has convertido en un héroe niño – le dice mostrándole una sonrisa.

El niño no podía creer lo que había logrado, el solo había hecho retroceder a todo un batallón, había salvado el pueblo, había salvado a su madre.

Otra fuerte explosión hace temblar los muros del sótano, el niño vuelve a la realidad y se refugia en los brazos de su madre.
La madre lo abraza fuertemente y repite.

- Todo va a estar bien mi amor, todo va a estar bien.

sábado, 6 de octubre de 2007

Un momento

La canción sonaba nuevamente, todo volvía a ser perfecto en el mundo, perfecto como ese primer día, el día en que la conoció.
El viejo se levanta de su silla, el reuma y los años lo hacen caminar arqueado, recorre lentamente el espacio que lo separa de su esposa que lo observa en silencio desde el otro lado del comedor.
- ¿Bailamos? – pregunta el viejo

La respuesta fue la mano extendida de su esposa, pidiendo que la ayudara a levantarse.
Ambos caminan hasta el centro del comedor y luego de apartar algunas sillas para hacerse espacio, comienza la magia.
Los brazos del viejo vuelven a abrazar la cintura de su esposa, tal como hace tantos años que no lo hacían, ella hace lo propio colgando sus brazos del cuello de su esposo para luego descansar la cabeza en el pecho del viejo.

Hijos y nietos se miran sin entender demasiado pero ellos continúan bailando sin dar explicaciones, el universo había desaparecido bajo sus pies.
La canción duró una eternidad, los pasos lentos de los viejos dando vueltas entre las sillas del comedor, con los ojos cerrados ambos volaban en un recuerdo.

Fue un momento solamente, un momento que nunca acabó. Yo aún los veo bailando, cada vez que cierro los ojos y los recuerdo…